El primer viaje que nadie olvida y el negocio que lo hace posible
- 2 jun
- 3 min de lectura

Bariloche siempre fue el destino clásico. Hoy Camboriú, Cancún y San Andrés compiten de igual a igual con la nieve patagónica. Detrás del boom de las giras estudiantiles internacionales, hay una industria que creció en silencio y que está redefiniendo cómo se viaja en América Latina.
Hay un tipo de viaje que marca a las personas de por vida. No es el primer viaje de luna de miel ni el primer viaje de trabajo. Es el que ocurre entre los 16 y los 18 años, en compañía del curso, con una mochila demasiado grande y la certeza de que algo va a cambiar. La gira de estudios lleva décadas siendo ese rito de paso para los jóvenes latinoamericanos y en los últimos años, ese rito se internacionalizó de una manera que pocos anticiparon.
Bariloche era el destino casi obligatorio. Nieve, fondue, fotos en el Cerro Catedral. Ese itinerario se mantuvo intacto durante décadas. Pero algo cambió. Hoy, Camboriú y sus torres frente al Atlántico, las Cataratas del Iguazú, Cancún y San Andrés compiten de igual a igual con la Patagonia en los listados de destinos más solicitados por colegios de Chile, Colombia y Argentina. La geografía del primer viaje se expandió y con ella, la industria que lo hace posible.
Tres fuerzas detrás del cambio
La transformación no ocurrió por accidente. Tiene tres motores identificables.
El primero es la conectividad aérea: más rutas directas, más opciones de transporte grupal y tarifas más competitivas que hace cinco años redujeron la fricción logística que durante mucho tiempo hacía que un viaje internacional pareciera una operación de alta complejidad para un colegio.
El segundo es cultural, y es quizás el más poderoso Instagram, TikTok y YouTube instalaron destinos de playa y aventura tropical en el imaginario de los adolescentes con una velocidad que ninguna campaña de marketing institucional podría igualar. Un destino que aparece en el feed correcto puede pasar de desconocido a aspiracional en cuestión de semanas.
El tercero es económico. Los operadores especializados desarrollaron esquemas de financiamiento que permiten distribuir el costo de una gira internacional en cuotas mensuales de 18 a 24 meses. Lo que antes parecía prohibitivo para una familia de ingresos medios se volvió planificable y esa palabra, planificable, cambió todo.
El negocio de la experiencia bien hecha
Marcelo Rollandi fundó Vivencias Travel en Bariloche hace años, cuando el destino patagónico todavía era sinónimo casi exclusivo de gira escolar. Hoy opera en Chile, Brasil y México, y tiene presencia propia no tercerizada en los destinos que más demandan los colegios de la región.
Para Rollandi, la diferencia entre un operador y otro no se mide en el precio del paquete. "Los cursos que empiezan con 18 a 24 meses de anticipación logran cuotas más bajas, mejores promociones y mayor estabilidad en precios", explica. "La diferencia entre planificar temprano y esperar puede ser de varios cientos de miles de pesos por alumno." Pero el argumento que más defiende no es financiero: es el del valor de la experiencia como construcción intencional. "Una gira bien diseñada no solo traslada pasajeros a un destino: construye experiencias, emociones y recuerdos. Los estudiantes son personas, no números."
Esa distinción importa especialmente cuando se viaja con menores de edad en el exterior. Los estándares mínimos que cualquier familia debería exigir a un operador incluyen coordinadores con supervisión permanente, seguro de asistencia médica internacional, protocolos de emergencia documentados y comunicación fluida con los apoderados durante todo el trayecto. "Cuando algo ocurre a las 2 de la mañana en Camboriú, hay que tener a alguien ahí", resume Rollandi.
Lo que revelan los números
Los rangos de precio actuales hablan de un mercado que creció y se segmentó. Las giras a Camboriú parten desde 1.350.000 pesos chilenos por alumno. Las opciones caribeñas Cancún, San Andrés pueden superar los 3.500.000. La brecha es amplia, pero la demanda por los destinos más caros no deja de crecer.
Lo que eso revela no es solo un cambio en el poder adquisitivo es un cambio en lo que una generación considera que vale la pena.
El primer viaje que nadie olvida se está volviendo, también, el primer viaje que nadie quiere hacer cerca de casa.










